Tan solo un año ha pasado de nuestro casamiento y acaba de cumplirse un mes de tu partida.
Empiezo cada día rogando que vuelvas, me pregunto si algún día cesará este martirio. Día por medio me despierto asustado de madrugada a causa de la pesadilla en la que sos protagonista.
Te veo a lo lejos de espaldas, veo el vestido de bodas que eligió tu madre y mientras me acerco tomando fuerza a cada paso, conteniendo la emoción y la explosión de lágrimas y levanto tu velo, descubro que tus ojos están cerrados, tus labios sellados y las manos que sostienen el ramo de rosas se hacen polvo con el viento, tu esqueleto se hace presente y tu voz invade mis oídos, de pronto vive en mi cabeza, susurra internamente palabras de afecto que mis ojos transforman en dolor y terror. Afortunadamente, grillo, lloro, imploro salir pidiendo la hora al referí y despierto con el corazón latiendo tan rápido como cuando te tenía frente a mí, pero por un motivo totalmente diferente.
Sé que ha pasado poco tiempo, sé que tu presencia sigue en esta casa y que en mis libros más preciados guardo pétalos de las rosas de ese día, pero si la reencarnación existe, deseo encontrarme con vos en otra vida.

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