No te entregues de manera completa al sueño; no te entregues a las manos de ese primo de la muerte sin haber dejado una cuerda en la vigilia para traerte de regreso.
El despertador sabrá traerte del sueño más profundo de la manera más fría y objetiva, oponiéndose a las felicidades ficticias y realidades paralelas ideadas por tu psiquis.
De nada sirve el capricho juvenil, puesto que una vez despierto fuiste devuelto nuevamente a la vida y el hilo del relato del cual te privaron ya no volverá a su origen.
Pero si aún así ignoras mi advertencia y decides entregarte, que sea por un largo trecho y que los telares de la inconsciencia remienden los huecos hechos por la rutina.
Inspiración: El sueño (1937). Salvador Dalí

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