Acerca de esta soledad
Ciertamente no es un estado natural. Desde embriones estamos acompañados, ya sea en el vientre o en las manos de un científico, almacenados en laboratorios de alta complejidad.
Tampoco en la infancia, donde nuestros compañeros son la primera inducción a escala media de la vida en sociedad.
Es en la adolescencia donde probamos el fruto de la soledad con ahínco, donde contamos con una pizca de libertad y/o posibilidad de elegirla y justo en ese momento, algunos la rechazan con vehemencia y tristeza, mientras que otros encontramos la reflexión, la introspección, la reivindicación a la imaginación, momentos en los que como un espejo, el aire nos muestra nuestro reflejo y decidimos escucharlo, aceptando su insípida compañía.
El autoconocimiento le dará un sentido gratificante a esos instantes, aunque como dije al comienzo, no es un estado natural.
Aquellos que la repudian tendrán todo tipo de cuestionamientos, incomprensiones y hasta en los casos más extremos, acusaciones, interpelaciones o burlas.
Pero para alguien que encuentra en la soledad la recarga de la batería humana, la paz oculta en la cara de la moneda del mundo, cómo se le puede imponer estar acompañado siempre y en todo momento?
Aunque esa solicitud venga acompañada de lástima, pena o empatía, no encontrará la acción que reclama el gregario.
Pero claro, lo hermoso de esta falta de compañía es que se elige y se cuenta con la posibilidad de poder escaparse y reencontrarse con aquellos seres queridos, como si de un momentáneo retiro espiritual se tratase.
En conclusión mi pregunta es: si fuera un adiós eterno, una reclusión perpetua, elegirías la soledad o te mantendrías en sociedad?
Nietzsche (1906). Edvard Munch.

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