Ha de ser muy temprano, ni los pájaros han despertado, aunque no tan temprano pues escuché el canto del gallo, o quizás lo he soñado.

Despierto o dormido, apronto unos mates, me siento en el suelo y miro por la ventana, la brisa me acompaña esta mañana y si los pájaros no cantan, yo romperé en silencio de esta jornada.

Menudo susto me llevo cuando la voz no sale de la caja, susto que dura poco, pues, lo habitual solo nos afecta de manera temporal y cada vez un poco menos. No puedo cantar porque no te vi pasar. No pasaste por mi casa para llegar a tu objetivo matinal, comprar el diario de literatura que cada noche el centro de estudiantes prepara para personas sensibles como vos.

Yo de literatura no entiendo nada, pero el día que entre mates me leíste los poemas del 22 de julio, quedé fascinado por tu pasión. A veces importa más quien transmite el mensaje que su contenido, no?

Zarandeando recuerdos sin vos y sin voz, espero.


Ciertamente de nada vale mi lírica si no estás para escucharla.

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