Aunque la mona se vista de seda, mona se queda
Cambié de lugar, mi punto de partida yace unos cuantos kilómetros detrás.
Cambié de aire, desconozco de niveles de contaminación pero el olor a río o a playa dice presente.
Cambié de ritmo, abandoné cierto grado de ansiedad y estrés, aunque momentáneamente retornan para hacerse carne en mí.
Paulatinamente cambié mis expresiones, al entregarse sin más y abrazar una nueva cultura es natural que el vocabulario cambie.
Sin embargo, hay algo impreso en el alma, hay un viento que erosionó por años y dejó marcas tangibles, que sospecho y lamento, son difíciles de borrar y cualquiera que preste algo de atención notará.
Podrás cambiar muchas cosas, pero en lo profundo, la marca de Caín siempre estará allí. Por más que la cepilles durante el aseo, por más que le tatúes algo encima, por más que la ocultes bajo un vendaje o incluso arranques de tu piel ese tramo, seguirá allí.
Asumo la triste y repugnante realidad con decepción. De repente comprendo que no hay nada a mi alcance para remediar mi condición, ni tampoco quiero reconciliarme con ella. Solo queda aceptar con resignación que hasta mi muerte cargaré con esa cruz, con algo que no busqué, con algo que no elegí pero está allí.
Quizás la única solución sea cambiar de lugar, moverme hacia donde otros también posean dicha marca, o con algunas variantes, donde las diferencias sean tan difusas que la marca deje de tener relevancia.

Comentarios
Publicar un comentario