Un día de cuarentena

Un día como cada día, me cansé de bañarme de la forma mortal, o común y corriente.
No tuve mejor idea que colocar el tapón en el desagüe y dejar que el agua se acumule entre los dedos de mis pies.
Pasó de lluvia a charco y de charco a marea baja, para luego ser un mar, un riachuelo.
Cerré la canilla y me senté en la postura preestablecida por el diseñador de la bañera, dispuse mis manos en los apoya brazos y mí espalda en el respaldo.
Respiré profundamente varias veces.

Mientras fumaba un cigarrillo, me fui deslizando hasta que el agua tapó mí ombligo.
Me preocupó que mí pelo se ensucie o se haga daño con el agua enjabonada, así que tomé la medidas necesarias procurando no deslizar más de la cuenta.
La puta gotera de la canilla inferior o "la de abajo" siguió sin cambios con lo suyo, molestando con esa gotera incesante, pero el que cambió fui yo, quién en ese momento, dejé de verlo como una molestia y empecé a verlo como un ritmo, un trance.
Quise marcar el tiempo con mí dedo, fui ajustándolo y serví de espejo para su golpeteo en el agua.
Mí sexo flotaba, flácido, inactivo, paciente, dormido en el agua, como una balsa amarrada al muelle y por momentos se movía, no solo por los latidos del corazón, sino por las vibraciones del goteo irremediable de esa canilla que con frecuencia iba delimitando los segundos y marcando el ritmo.
Mis dedos iban navegando entre los restos de jabón, y de piel muerta, estimo.
Vaya a saber uno que porcentaje había en esa mezcla.

De repente me invadieron unas ganas enormes de estudiar biología, o química, para saber cómo el jabón, algo tan mundano que se hace con grasa, puede limpiar y desinfectar un cuerpo tan castigado por la sedentaria rutina de cuarentena.

Al sonar de la décimo quinta gota, me invadieron recuerdos del natatorio, del secundario, curioso aunque para nada sorprendente, estaba claro que fue mi olfato quién me trajo esos recuerdos a la mente, y el estímulo fue ese desorbitante olor a cloro y lavandina que tenía el agua. Que asco. Otra vez mi cabeza me sembraba la semilla de la duda:

Qué efectos tiene el cloro y la lavandina en el cuerpo? En la piel?
Quizás en otra vida fui biólogo.

Buscaba cosas para hacer, y en todo ese tiempo que había pasado, los dedos se me arrugaron, como se arrugó la piel de mí abuela, que dicho sea de paso hoy vino hacia mí mente en forma de pensamiento...
Cómo podría soportar ella la cuarentena?
Pensé en compartirlo con la familia, pero no quería traer un recuerdo gris en un tiempo donde la cuarentena nos genera depresión.

Hay veces que uno debe reservarse y no echar un pomo más de pintura negra a la mezcla gris, sino, acabará por oscurecer su tono.

Me levanté nuevamente y los oídos me chiflaban... las cervicales, pensé...
De repente el agua que parecía un mar, se volvió rápidamente un charco, era lógico, mi cuerpo aportaba su cuota de volumen a este rectangular e icónico frasco.

Decidí que era tiempo de volver a la realidad, no sabía cuánto tiempo había estado en el baño.
Me paré, me saqué todo el jabón que tenía en el cuerpo, me sequé y fui al balcón desnudo. Los colectivos pasaban, los vecinos escuchaban su música, y yo me sentía irritado, como si se me acercaran con cuchillos a punzarme varios hombres entre risas y con copas en la mano.
Fui corriendo al botiquín y desesperado coloqué algodón en mis oídos. Había ocupado cada momento de la cuarentena con música y necesitaba realmente silencio. Necesitaba escuchar únicamente mí respiración, latir al ritmo del corazón sin consumir otro sonido.
Se acercaron las 21 hs, todos empezaron a dar el aplauso de rutina a los médicos y tuve que recluirme dentro del living, no quería que desconocidos aplaudan mientras yo estaba como dios me trajo al mundo, sería algo incómodo.
Prendí el último cigarro del día y me dormí en el sillón con los tapones en los oídos.
No había cenado, no había comido postre, ni tomado un mate.
No había prendido la tele ni regado las plantas.
Cuántos habrán muerto hoy?
Que nuevo consejo habrá dado Alicia para eliminar el virus?
Que nueva actividad planeó Melisa para que los nenes no se aburran?
Nada importaba.

Y mí rutina, dónde había quedado?

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