A veces tomo forma de aquello que llama mí atención.

Un tipo con piernas cruzadas, mirando absorto a la nada, con un cigarrillo quemando su índice, pero tal es su preocupación que eso es nada a comparación con sus problemas de hoy.
Que triste que no pueda ver más allá de su aura, ni más adentro que su ropa, la introspección es algo que dejó olvidado en la niñez o nunca desarrolló.

Una mujer que espera ansiosa a cruzar la calle, dobla y desdobla un papel entre sus dedos, dándole formas, haciéndole pliegues, pisando las puntas, estirando los lados...
Mueve su mirada de coche tras coche, calculando el momento justo para pasar, sacando la probabilidad y la estadística más crítica, la que puede cargar con su vida, y todo por qué? Por llegar antes a su destino, destino incierto de hecho.

Luego de esto, con alcohol borro la mente, al igual que la pizarra que me acompaña de adolescente.
La cabeza está más liviana y ya no retengo nada, quedé ileso de tales sentimientos, pensamientos que no me llevan a ningún sitio, pensamientos que me invitan a no pensar en mí mismo.

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