La ausencia de ruido, descontrol y vino, me hacen pensar en el qué dirán.
Tan ensordecido, entre redes como pez esperando el puñal, siento morir cada gota de sangre y hervir cada gota de sudor, por fortuna aquel calvario dentro de un tiburón se fue como el tren a un santuario mejor.
Lamento no estar en el cardumen, de manjar en manjar, entre risas, sin prisas.

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