Estímulo y reacción.
Todo en este mundo pende de un súbito juego de intereses y fuerzas que se imponen y contraponen.
Un ejército avanza, el otro defiende; una bomba se lanza, un misil la intercepta; un bebé llora, una madre acude, un padre no sabe qué hacer, ignora; la daga ingresa al cuerpo, bacterias lo invaden mientras el sistema se apronta para desencadenar una serie interminable de contramarchas buscando preservar la inútil vida del huésped.
Anticiparemos con una grata ansiedad movimientos por si ocurren, tendremos una larga lista de definiciones, procedimientos y protocolos para que el estímulo no nos tome por sorpresa. Pero qué sucede si el disparador nunca aparece? Al igual que una menstruación tendremos que evacuar y desmantelar los preparativos para reconstruirlos justo cuando la ilusión, la posibilidad y el entusiasmo perforen nuestra débil carne como una daga, cuando el coronel sentimental emita la alerta del misil erótico, cuando las ideas ajenas quieran flanquear y penetrar nuestro agreste y ancestral territorio.
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