De sol a sol en mi querida Bulgaria, recojo flores de los grandes campos.
Admito que he pecado y ofendido a la pasividad, soy un trabajador empedernido. Encuentro paz en una momentánea contemplación, instantes que de manera productiva empleo para verte. Te grabo en color rosa sin ayuda de filtros, con simples mecanismos y artilugios arcaicos capturo tus miradas, tus risas, tus tímidos argumentos que no pueden disimular la solidez de su raíz bien arraigada en tus principios.
El tañido de las campanas indica la vuelta al trabajo, donde arrancar rosas se vuelve cada vez más absurdo. De repente algo tan liviano en masa sobre mi espalda se hace tan o mas pesado que los días sin verte. Dejar mis anhelos y aspiraciones, mis pretensiones y curiosidades en el granero parece ser la estrategia mas plausible para ser un mero instrumento, una eficiente máquina. Mis caprichos me dejarán caer en un tobogán hacia tu boca, donde palabras y risas me empujarán hacia afuera como el humo de un géiser, rescatándome para siempre de la oscuridad de tu silencio, del hermetismo de esas cuerdas vocales que temen abrirse, que dejan pasar momentos clave, situaciones límite.
Blumenstillleben vor Landschaft (1934). Gabriele Münter
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