En el viejo aljibe tiraba piedras pues ya no tenía monedas. Mi monedero se cansó de que mis deseos queden solo en pretensiones y no en hechos. No tenía más lágrimas para derramar y mis esperanzas duraban menos que el silencio en plena avenida. Ni los letreros se encendían, ya no querían contabilizar mis pérdidas.

Las ramas se deshacen, caen de los árboles pero nadie las está podando. Siento un temblor en los tímpanos, cubro mis oídos con las palmas de mis manos, como si saliera música de ellas, pero estoy tratando de evitar el sonido punzante que me acerca el destino. Cierro a su vez los ojos para obturar el presente, para cancelar ya dos de mis sentidos, pero todo es inútil, las hojas caídas me envuelven en un remolino, las tazas de café se mueven cada vez más rápido, se tambalean y hacen sonar los pequeños platos que las sostienen, sucios ya después de tantos años. Los hombres conversan cada vez más fuerte, callan las voces de las mujeres que parecen no existir en este cuento.


Conflictos, luchas, ruido, de repente necesito paz.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)