Dos pestañas se encuentran en un lagrimal, quiso el destino se desprendan de su lugar para viajar hacia un rincón incómodo, indeseable para ellas que dejan de recibir la suave brisa diaria y el calor del sol para vivir en un lugar oscuro, donde el huésped menos hospitalario se encargará de castigarlas con humedad para expulsarlas de su hogar. Mientras tanto el dueño de ese apartamento acudirá molesto con su dedo a refregar el ojo hasta restaurar el status quo de su visión, hasta eliminar la molestia que no lo deja apreciar el bello paisaje de Montevideo.

Me pregunto: Es el destino el que nos deja caer en lugares incómodos o somos nosotros quiénes vamos siguiendo, como Hansel y Gretel, las migas de la ruta de la incomodidad?



Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)