Se dice que somos todos iguales ante el Señor pero no todos somos iguales ante la luz de las viejas calles de esta ciudad. Mientras que la sombra de aquella dama da orgullo y denota un elevado status, la sombra sin sombra de un pobre miserable dará lástima y vergüenza social o colectiva. Se buscará obturar los focos que expongan los defectos de esta corrugada sociedad, necesitaremos edificios para confinar a las almas descarriadas, improductivas e incómodas, pues no es deseable la piedra en el engranaje social, solo se busca aceitar los mecanismos.
Estamos aquí reunidos para platicar sobre el soporte físico y emocional que brinda la carne humana a la megalómana idea de la mente. Qué sería de la paciencia y el descanso sin ese cuerpo que reposa? Qué pasaría si la mezcla cada vez más heterogénea de ideas y principios no encontrara boca para hacerse oír? Serviría igual un cuerpo mudo u otro con gran caudal de voz? Qué pasaría si ese cuerpo se quedara arrojado en algún basural? Si su vida no vale nada, por qué habría de hacerlo el pobre aire que empuje desde su diafragma? Entenderá usted que el poderío de esa masa vale por su apariencia. Cuando madure, disipará aquella ilusión que venda sus ojos y lo hace ignorar la realidad del mundo en el cual vivimos. Comprenderá que es más rentable invertir en cirugía estética que en asquerosos y mundanos libros de feria, que solo congregan cabellos y pedazos de piel muerta de sus dueños anteriores. El camino virtuoso del éxito empieza por el peldaño de la simpatía más que la introversión, por la...

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