Se dice que somos todos iguales ante el Señor pero no todos somos iguales ante la luz de las viejas calles de esta ciudad. Mientras que la sombra de aquella dama da orgullo y denota un elevado status, la sombra sin sombra de un pobre miserable dará lástima y vergüenza social o colectiva. Se buscará obturar los focos que expongan los defectos de esta corrugada sociedad, necesitaremos edificios para confinar a las almas descarriadas, improductivas e incómodas, pues no es deseable la piedra en el engranaje social, solo se busca aceitar los mecanismos.




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