Ayer un inmenso caos, hoy un silencio en la penumbra.
Decibeles en pinceladas se manifiestan en mi casa: un sorbo de sopa, un ruido de mate, el temblor recordando aquel placer y la gotera que se esmera por penetrar cada rincón de estas 4 paredes. La caldera se olvidó de silbar, el corazón se olvidó cómo latir, mis piernas solo soportan el peso de mis codos y en consecuencia, mis manos el de mi cabeza. El frío del otoño congela esta postura, mientras que la niebla de mayo me esconde como el sol entre las nubes.
Nada es como era antes, nunca lo fue, pero de repente alguien acelera la máquina de la vida y la espiral se empecina por llevarnos en ella, perdemos el ritmo de los cambios, la oruga desea envolverse en un capullo ya roto y el niño debajo espera una mariposa en ese preciso instante. Quién está fuera de lugar? Alguna que otra decepción florece y no todos logran estar contentos. Esta vez el Rey Midas no pudo convertir en oro todo lo que tocaba o deseaba.

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