Al fin y al cabo me he salvado, nuevamente a la muerte he burlado.
Una dama se me acercaba por la otra acera y un rayo de sol se escapaba entre el campanario y el viejo reloj, la oscuridad reclamó su presencia, el calor se escapó de mis manos, el vapor salía de mi boca y la gente se guardó en sus bolsillos. Nunca me sentí tan solo.
En un vals, ella y yo bailamos, quizás para entrar en calor, quizás con otra intención. Me enredé en su vestido, me hice adicto a su miel y en el momento final, estiré la pata, me volví sobre mi espalda, en el suelo las hormigas contaban hasta 10 pero yo no me levantaba. Al verme inerte y sin interés, ella partió, se fue en busca de algo más divertido, de esto no hubo testigos, la gente volvió a las calles tras lo ocurrido y luego de miserables latidos recobré el sentido.
Quién diría que haberme hecho el muerto surtiría efecto, un perdón ingenuo al destino le debo y para pagar el engaño un buen rezo. Quizás me toque la próxima, el boleto de la piedad fue picado, le sacaron una vida a mi gato y mi muerte la pagó otro hermano, que ingrato.
Selvportrett med sigarett (1895). Edvard Munch
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