Volver del conflicto no siempre es bonito.

Se busca entre la multitud la empatía negada durante la contienda, pero en lugar de encontrar la calidez se encuentra la miseria humana. La indiferencia y el individualismo se apoderan de sus almas y se manifiestan en máscaras de porcelana, frías y rígidas en apariencia, pero frágiles ante la minúscula señal del perjuicio.

Cuando quieras dedicarte a tomar tu café, empujarán tu silla manchando tu ropa, llenarán de gritos tu espacio personal y cuestionarán tu silencio sin comprenderte, sin reconocer tu gallardía ni tus heridas.

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