Bajamos juntos a desayunar, un vaso de leche para ti y un café amargo para mí. Aunque compartimos las mismas galletas de miel, afortunadamente nuestras manos se cruzan en el paquete y se produce una conexión entre tanta asimetría.

Mientras yo leo el diario, vos dibujas con crayones. De vez en cuando miro de reojo qué estás haciendo, y es que tu imaginación proyectada en esa hoja es muchísimo más interesante que las noticias policiales o económicas. Dibujás una niña, un corazón, unas nubes, y un enorme sol, pero mi racionalidad y mi absurdo elitismo me llevan a reparar en que el sol está desproporcionado en relación a las nubes y que el corazón está torcido, por eso los adultos no deben entrometerse en los dibujos de los niños, solo deben observarlos y atenderlos con curiosidad para alcanzar la cercanía.

Quién sabe si leíste mi mente, pero sin mirarme retocaste el corazón, lo agrandaste y ahora quedó como esperabas o esperábamos. Bien quisiera tener tiempo para redibujar nuestro corazón antes de llevarte a la escuela, antes de que la rutina nos aplaste como lo hace cada día.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)