No pude dormir en toda la noche sabiendo lo que venía en mi agenda.

Una escalada de situaciones desagradables y difíciles ocurrieron al despertarme. El espejo mostraba una profunda tristeza y en concordancia elegí un atuendo pertinente. Disfrazarse de luto es solo el postre de este nauseabundo plato principal. Solo el café puro comprado entre lágrimas es más negro que los sentimientos que me invaden, solo mi alma entiende el dolor que siento.

El vestido no tocaba el suelo, mi sombrero no dejaba que la luz del sol cubra mi cara, solo el calor permeaba los guantes de cuero mientras el humo del cigarro ocupaba el espacio que las cuerdas vocales cedían con indiferencia.

Una mezcla de sabores amargos, ácidos, metálicos como la sangre, putrefactos como la carne, insípidos como el vacío.



Cerca del lecho de muerte (1915). Edvard Munch

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