El tiempo
Quisiera poder cambiar la Realidad.
Que los momentos no duren tan poco como el estruendo de un fuego artificial en navidad o como el sabor del vino tinto en el paladar.
Que el pelo no se caiga tan rápido, que la barba no se haga tan blanca o que a mí piel le cueste más hacerse jirones.
Mis venas se achican, colapsan como arterias de autopistas, el tráfico de dolores, placebos y pastillas, viajan a paso de hombre por todo el torrente sanguíneo.
No hay cura para el paso del tiempo, no hay santo remedio, no se puede girar en sentido antihorario, como un reloj casero, ni embriagar al segundero para que detenga a sus compañeros, ni drogar al minutero para que se revele ante el horero.
En todo esto hay algo que acribilla mis pensamientos, me quita el sueño y me hace perder tiempo. Por qué me preocupa tanto el tiempo?
Por qué corro como galgo detrás de una liebre de juguete o como pollo sin cabeza?
Por qué escribo sobre esto que me aqueja mientras observo el reloj de mí pieza?
La lección es que deje mí pluma y selle mí tintero, que me abrigue si es invierno, que vea a quienes más quiero y que exprese lo que siento.
Que cada vez que mí cabeza repose en mí almohada, sienta orgullo de mí jornada, que si mí sueño se alarga y no despierto en la mañana, y de mí cuerpo se desprende mí alma, se vaya liviana sabiendo que cumplí con lo que deseaba, mis cuentas saldadas, y el corazón en calma.
Que los momentos no duren tan poco como el estruendo de un fuego artificial en navidad o como el sabor del vino tinto en el paladar.
Que el pelo no se caiga tan rápido, que la barba no se haga tan blanca o que a mí piel le cueste más hacerse jirones.
Mis venas se achican, colapsan como arterias de autopistas, el tráfico de dolores, placebos y pastillas, viajan a paso de hombre por todo el torrente sanguíneo.
No hay cura para el paso del tiempo, no hay santo remedio, no se puede girar en sentido antihorario, como un reloj casero, ni embriagar al segundero para que detenga a sus compañeros, ni drogar al minutero para que se revele ante el horero.
En todo esto hay algo que acribilla mis pensamientos, me quita el sueño y me hace perder tiempo. Por qué me preocupa tanto el tiempo?
Por qué corro como galgo detrás de una liebre de juguete o como pollo sin cabeza?
Por qué escribo sobre esto que me aqueja mientras observo el reloj de mí pieza?
La lección es que deje mí pluma y selle mí tintero, que me abrigue si es invierno, que vea a quienes más quiero y que exprese lo que siento.
Que cada vez que mí cabeza repose en mí almohada, sienta orgullo de mí jornada, que si mí sueño se alarga y no despierto en la mañana, y de mí cuerpo se desprende mí alma, se vaya liviana sabiendo que cumplí con lo que deseaba, mis cuentas saldadas, y el corazón en calma.
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