Observo dos piedras desde lo alto de esta montaña, es al agacharme y a través de un telescopio que puedo distinguir que son piezas de rompecabezas.
Cada pieza es única, posee tantos cortes como características denote o resalte de su personalidad.
Es al inicio de sus tiempos donde ha de cortar y delimitar sus recortes. Recortes que sin dudas irán cambiando a lo largo del tiempo.
Algún día, las piezas querrán dejar de estar sueltas en esta gran caja que es el mundo y querrán conformar un gran rompecabezas.
Algunos, ya inmersos en alguno, intentarán despegarse, convencidos de que sus lados pueden emparejarse con los de otras piezas, otros se quedarán por comodidad sin darse cuenta que sus bordes se alteran, se amoldan a lo que la gravedad les ha acercado.
Crimen tal el de la pieza que cambia por querer coincidir con otra y no por un proceso interno o hasta quizás externo, pero siempre con voluntad.
La búsqueda de la pieza perfecta, es posible? Cuando se encastra una pieza en un lugar que no va, siempre encuentran un destino torcido, incómodo, con leves deseos de escaparse de dónde intentó encastrar.
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