No se puede de repente ser indiferente a la belleza inusual, a la que se presenta para despejar aquellos problemas cotidianos, casi tanto como una madre quita los rizos de aquel rostro lloroso y triste.
Cómo deslizar suavemente la mirada de un costado hacia otro sin hacer una parada táctica en tus ojos?
Entrelazar tus dedos con los míos y simular que somos uno, que nos han separado al momento de nacer, pero naturalmente volvemos a aglutinarnos, a formar esa mezcla homogénea que nunca debimos haber perdido, ni bebido.
En mis sueños narcisistas se abroquelan las esperanzas de encontrarte nuevamente, de respirar el aire que exhalas, de aplacar la ansiedad del viaje, de achicar la distancia y acallar mí apetito, ansiando libertades que de pronto me arrebató el tiempo, más no, las circunstancias del devenir o de la persona que soy ahora.
Tras muchopensar y doblepensar, depongo mis armas, doblego mí dignidad ante las ganas de llorar en plena vía pública. Ya no me importa esperar, no me importa llegar, solo el viaje conservo entre apretones leves de anillos y nudillos
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