Cuéntame un cuento
Resulta que el profesor de mí colegio me había encomendado hacer un poema o componer algo con la canción que habíamos elegido. Lo que yo no sabía es que el trasfondo de ese ejercicio era hacer pasar el escrito como suyo y enviárselo por debajo de la puerta a esa maestra que tanto que le gustaba.
Así que sin más, me puse a pensar.. atento a cualquier mujer que pueda brindarme inspiración. Miré para aquí, miré para allá, miré el reloj y solo habían pasado 30 minutos, 1 hora, 2... Siempre fui un hombre paciente, desde chico, cuando esperaba toda una vuelta entera cuando no llegaba a agarrar la sortija, ya empezaba a entrenar, en esa época era todo un aficionado.
Pero qué va, a no desviarnos del tema! Que algo insólito estaba por pasar, mí paciencia se empezaba a agotar. Había comido ya 3 chicles, fumado 2 puchos y si hubiese preparado el mate, seguro que el agua no me alcanzaba.
Cayó el sol, y me volví a casa. A paso lento, desahuciado encontré un volante en mí vereda, en un acto de bronca lo hice un bollo y lo tiré lo más lejos que pude... 1 metro, hasta el papel se reía en mí cara, cuando de pronto todo se arregló! <Deus ex Machina> alguien me tocó la espalda y enojado me voltee y la vi.
Anteojos de sol, y el ceño fruncido. Baje la vista y en la mano llevaba un bolsito de mano tejido y muchos volantes como el que acababa de tirar por ahí...
Que casualmente ya no estaba..
Que ahora lo tenía ella en su mano.
Tragué saliva, cerré los ojos por unos segundos y volví a abrirlos.. no soy ningún tonto, sabía que sus palabras no serían agradables, más bien, como las de un amo que reta a su perro.
Luego de preguntarme si era tonto - claro está que esas no fueron exactamente sus palabras, pero por respeto hacia quienes me escuchan, no voy a decirlo - me dijo que no recorrió todo el barrio para que venga un amargado cualquiera y tire su esfuerzo en la vía pública. Y tan errada no estaba...
Lo digo por lo de la vía pública, porque amargado.... Yo no soy....
En fin!
La cosa fue que le pedí perdón, pero no cualquier perdón, fue un perdón tartamudo y más lento que la fila para entrar al cielo, de esos que en la otra persona pueden generar risa, o de qué es un caso perdido o si tenés mí suerte, sensación de que le estás tomando el pelo...
Para que???? Me comí un bife de aquellos.
Desde ese día, sueño con encontrarla de nuevo, decirle que sirvió de inspiración para este humilde cuento.
Por cierto, algo que no mencioné es que no puedo olvidar su pelo, con ese olor a vainilla que me acercaba el viento.
Quién diría? Que para ver un ángel caído del cielo, hay que tirar un papel al suelo.. los ecologistas ya me corren con panfletos y carteles enormes que por la miopía no veo.
Ahora bien, dudo que la maestra se enamore con esta obra, pero al menos una sonrisa habremos robado de su boca, ahora el profe la tiene difícil, que no se mande ninguna porque de un bife va a parar a la luna.
Así que sin más, me puse a pensar.. atento a cualquier mujer que pueda brindarme inspiración. Miré para aquí, miré para allá, miré el reloj y solo habían pasado 30 minutos, 1 hora, 2... Siempre fui un hombre paciente, desde chico, cuando esperaba toda una vuelta entera cuando no llegaba a agarrar la sortija, ya empezaba a entrenar, en esa época era todo un aficionado.
Pero qué va, a no desviarnos del tema! Que algo insólito estaba por pasar, mí paciencia se empezaba a agotar. Había comido ya 3 chicles, fumado 2 puchos y si hubiese preparado el mate, seguro que el agua no me alcanzaba.
Cayó el sol, y me volví a casa. A paso lento, desahuciado encontré un volante en mí vereda, en un acto de bronca lo hice un bollo y lo tiré lo más lejos que pude... 1 metro, hasta el papel se reía en mí cara, cuando de pronto todo se arregló! <Deus ex Machina> alguien me tocó la espalda y enojado me voltee y la vi.
Anteojos de sol, y el ceño fruncido. Baje la vista y en la mano llevaba un bolsito de mano tejido y muchos volantes como el que acababa de tirar por ahí...
Que casualmente ya no estaba..
Que ahora lo tenía ella en su mano.
Tragué saliva, cerré los ojos por unos segundos y volví a abrirlos.. no soy ningún tonto, sabía que sus palabras no serían agradables, más bien, como las de un amo que reta a su perro.
Luego de preguntarme si era tonto - claro está que esas no fueron exactamente sus palabras, pero por respeto hacia quienes me escuchan, no voy a decirlo - me dijo que no recorrió todo el barrio para que venga un amargado cualquiera y tire su esfuerzo en la vía pública. Y tan errada no estaba...
Lo digo por lo de la vía pública, porque amargado.... Yo no soy....
En fin!
La cosa fue que le pedí perdón, pero no cualquier perdón, fue un perdón tartamudo y más lento que la fila para entrar al cielo, de esos que en la otra persona pueden generar risa, o de qué es un caso perdido o si tenés mí suerte, sensación de que le estás tomando el pelo...
Para que???? Me comí un bife de aquellos.
Desde ese día, sueño con encontrarla de nuevo, decirle que sirvió de inspiración para este humilde cuento.
Por cierto, algo que no mencioné es que no puedo olvidar su pelo, con ese olor a vainilla que me acercaba el viento.
Quién diría? Que para ver un ángel caído del cielo, hay que tirar un papel al suelo.. los ecologistas ya me corren con panfletos y carteles enormes que por la miopía no veo.
Ahora bien, dudo que la maestra se enamore con esta obra, pero al menos una sonrisa habremos robado de su boca, ahora el profe la tiene difícil, que no se mande ninguna porque de un bife va a parar a la luna.
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