El taxista.-

Cierto día, el taxista me invitó a subir a su coche, no había tema de conversación, el aire se cortaba con tijera. Decidido a improvisar le conté fragmentos de mi pasado y poco a poco se fue diluyendo y descomprimiendo el ambiente.
Luego, tomando más confianza saco de un portafolio algo peculiar, una jeringa lista para aplicar. Solo quedaba un sorbo y me lo ofreció. Como tantas otras veces no me negué para encajar no quedar como un desagradecido y con los ojos cerrados extendí el brazo. La droga y mi sangre se fundían en ese tango brillante. De a poco el vidrio se iba esmerilando, bebía el dulce éxtasis, disfrutaba el viaje sin saber que el regreso sería fatal.

“Es fácil subir, lo difícil es bajar. Poco a poco te acostumbras, te adaptas, es un arte con técnicas y tácticas.”

Me dejo en mi casa, y no pude dormir, imaginaba, volaba y gemía. Se hicieron las 6 de la mañana y me di cuenta de lo ocurrido.



El viaje había terminado, la travesía había concluido.

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