Imposible.
Furioso deseo me consumía. Malevolencia, frialdad y
decadencia fluían a la par de mi sangre contaminando las venas. Al bailar mis
labios, al cerrar mis ojos, al maquinar mi corazón STOP! ¿Acaso no es hora de
despabilar? Sangrando la herida de lo que no fue retrocedo a la puerta y con
las manos vacías me marcho. Matando el cerebro con imágenes esperanzadoras,
optimistas y conformistas trato de pasar el tiempo, pero no llego al destino,
caigo suavemente sobre los adoquines. Tan solo un rasguño, tiemblan mis manos
pero no lo suficiente como para erizar mi sistema nervioso tomo el cigarro por
su cola y lo enciendo. Me arrastro aspirando el humo intentando acortar camino
pero es inútil, me quedé atascado, me toca dormir esa noche en la calle a la
víspera de una luna llena que me ampare, de un Jesús urbano que me aconseje, de
un perro que me escuche aunque no me entienda.
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