¿Igual o distinto?


A veces me preocupa parecerme a mi viejo, algo muy contrario a lo que deseaba cuando era un niño. Recuerdo que siempre decía y repetía lo mismo que él hacía aunque en algunas ocasiones de una forma distinta.
Por lógica, algunas cosas las heredé, al recibir su educación se produjo una transferencia casi inevitable. Quizá un día me ponga a reflexionar y a pensar en que cosas nos parecemos y en que cosas no.
Lo más curioso es que uno no se acuerda de cómo lo educaron, solo sabe como actuar, solo aplica lo que aprendió con un toque de estilo personal. Si hoy por hoy removería mi memoria no podría recordar ni siquiera un poco de cómo me estimularon o como mis padres me hicieron la buena persona que soy.
De ahí podría concluir que todo se trata de una relación estimulo-respuesta entre el padre y el hijo, en el que intervienen muchos factores tales como la voluntad, el diálogo, la atención, etc.
Pero de ninguna manera hay una fórmula, una combinación, una receta que al seguirla al pie de la letra pueda formar buenas personas. Ojalá se pudiera estandarizar el “proceso de formación humana” para formar X cantidad de buenas personas al año. Pero no, ni Taylor ni Ford hubiesen invertido en ese negocio, perderían millones y verían el fruto de su inversión en mucho tiempo.
Aunque si eso pasara ya no habría malas personas, no habría personas distintas o especiales por denominarlo de alguna manera. No habría personas destacables por encima de otras, todos seríamos iguales. Sería un desastre.

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