Antes y después de tu aparición

Me senté en el lugar más escondido, no me gusta estar en el centro, prefiero pasar desapercibido.

Te paraste justo en la fila donde las baldosas terminan, tu mirada me volvió plastilina y tus dedos encontraron mi rostro cubierto por rulos y rizos de pelo castaño. Como por arte de magia, entre el desorden encontraste mi boca y descubriste mis ojos. Que dulce fue volver a verte, que vibrante tu apariencia, dopamínico tu ser.

El lunar junto a tus labios será el norte de los besos, la herida en tu antebrazo derecho será el camino por el cual las yemas de mis dedos buscarán inútilmente curarte. Por desgracia el destino no me hizo curandero, o al menos no de heridas físicas. Si me dejás acompañarte en tu viaje, si me permitís unir las líneas de tus manos con las mías, si aceptás la pulsera que te hice con los hilos de mis prendas gastadas, aseguro y garantizo algo de futuro entre tanta turbulencia, unido por supuesto a una buena compañía.


Tenemos un trato?



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