Cuándo fue la última vez que bailamos frente al sillón?
Fue cuando rompimos el récord de quién toma más rápido su bebida o el día que la margarita deshojada dijo que me querías?
Que infortunio vestir el vacío con mujerzuelas y la oscuridad con pitadas de cigarro. El camino trazado con perfume desaparece tras unos días pero el decorado con lágrimas permanece en mi memoria. Distorsiono recuerdos almidonados de alcohol, retuerzo ilusiones exagerando felicidades pasajeras con la esperanza de que duren más que el dolor. Lo complejo ya de aquel hecho es la miserable conformidad con el presente, el caprichoso retorno hacia el pasado y la inminente manifestación del futuro junto a esa incertidumbre de que lo que está por venir puede catapultarme al cielo eterno o hundirme en un cráter infinito, junto a la irremediable certeza de verme aquí con un libro en la mano, tal como yo quiero estar.

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