Sube la hormiga por el metatarso descubierto del pie derecho, sube en fila inalterable, una procesión perfecta, sube más rápido hacia el tobillo, y ante cualquier adversidad usa tus colmillos sin dudarlo, alimenta el masoquismo mejor guardado por mí inconsciente y déjame una marca que atestigüe de tu marcha por mí cuerpo.
Estamos aquí reunidos para platicar sobre el soporte físico y emocional que brinda la carne humana a la megalómana idea de la mente. Qué sería de la paciencia y el descanso sin ese cuerpo que reposa? Qué pasaría si la mezcla cada vez más heterogénea de ideas y principios no encontrara boca para hacerse oír? Serviría igual un cuerpo mudo u otro con gran caudal de voz? Qué pasaría si ese cuerpo se quedara arrojado en algún basural? Si su vida no vale nada, por qué habría de hacerlo el pobre aire que empuje desde su diafragma? Entenderá usted que el poderío de esa masa vale por su apariencia. Cuando madure, disipará aquella ilusión que venda sus ojos y lo hace ignorar la realidad del mundo en el cual vivimos. Comprenderá que es más rentable invertir en cirugía estética que en asquerosos y mundanos libros de feria, que solo congregan cabellos y pedazos de piel muerta de sus dueños anteriores. El camino virtuoso del éxito empieza por el peldaño de la simpatía más que la introversión, por la...
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