Te cruzo todos los días,
Ya se volvió una costumbre divina,
Una casualidad tan repentina,
Que ya forma parte de mi rutina.
No sé tu nombre, menos tu apellido,
Quizás en otra vida nos hemos conocido,
Seguramente mis palabras te importen un comino,
Coincido!
A veces hasta yo pongo en silencio mis latidos.
Siempre es la misma mirada,
Primero a los ojos y después a la nada,
En tus pupilas me quedo inmerso,
Mi humilde recompensa es este verso.
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