Zapatos con hebilla de bronce, piernas largas y cruzadas, blancas como las nubes que hoy descansan sobre nosotros.
Un cuello que emana delicia y pureza, casi oculto por esa larga cabellera, color café con tintes oscuros. Con amplios manotazos, se acomodaba las puntas, dejando descubierto e indefenso aquel lunar próximo a sus ojos, con pestañas insolentes y a la defensiva de cualquier amenaza que pretendiera lastimar esas hermosas pupilas color marrón claro, casi tan claros como sus labios, más rosados que lo normal, sin maquillajes ni pinturas, auténticos y sinceros.
Un cuello que emana delicia y pureza, casi oculto por esa larga cabellera, color café con tintes oscuros. Con amplios manotazos, se acomodaba las puntas, dejando descubierto e indefenso aquel lunar próximo a sus ojos, con pestañas insolentes y a la defensiva de cualquier amenaza que pretendiera lastimar esas hermosas pupilas color marrón claro, casi tan claros como sus labios, más rosados que lo normal, sin maquillajes ni pinturas, auténticos y sinceros.
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