La Tregua

Un café en aquella confitería, un trago en el bar, una pitada, buscar formas en el cielo... 
Cuanto valen esos placeres, esos estruendos de colores que nos alejan de la rutina tan vacía y gris, como los zapatos de los años 40, como cuando ves a un pariente tan ridículo, dispuesto uniforme en su ataúd, tan frio, como el hielo que dejaste en el vaso queriendo con el, zafar del mundo en que vivís, tan solo olvidar que derrochaste el dia y que no tuviste libre decisión sobre el mismo. 
Y cuando compras la botella todo parece tan festivo, tan jocoso, tan explosivo. Y a medida que se acaba, la luz se escapa de tus ojos, sentís la muerte reírse de vos, lamentas los minutos perdidos, la plata tirada, la salud invertida en algo tan pasajero... 
Y que te queda?  
Me quedan los días que vienen, aprender de mis errores, dejar de hacer lo que me imponen para hacer lo que quiero, levantar la pluma que escribe el libro de mi destino, para torcer la ruta que me fue asignada. 
Acaso yo soy digno de mi realidad actual? 
Fue justa la ley de la vida en darme lo que tengo y lo que no tengo? O tal vez alguien hurtó mi suerte, depositó su envidia, o marcó mi camino alejándome de lo que me conviene? 
Ya no distingo el bien del mal, el café del te, el cigarrillo de la bebida, la plaza de la playa, o la arena de la tierra. 
Rápido avanza mi reloj de arena, rápido me quedo sin aire. 
Rápido me hundo en el mar de sentimientos, bajo la luna llena. 
Quisiera negociar una tregua, un pase al Olimpo, un viaje al campo, un banquete de los dioses, un festín con todos los seres queridos, un calor en el corazón. 
Un tornillo en el engranaje, una llama en el iglú, una roca llena de vida, una ola espacial, una raíz naciendo bajo el edificio mas húmedo y abandonado del vecindario.

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