No van a callarme.-

Estamos escritos de nacimiento, marcados con tinta negra indeleble.
Pertenecemos a esta sociedad por obligación, como si fuera un derecho adquirido de nacimiento, nos imponen reglas que debemos respetar para no alterar la estructura. Debemos ir hacia delante por el camino de la derecha y regresar por el de la izquierda.

Más allá de eso, somos dueños de nosotros mismos, de nuestro destino, no conocemos el límite de nuestra imaginación, hacemos lo que queremos cuando queremos, no llevamos máscaras ni cargas pesadas en el baúl, vamos armados solo con felicidad.
No somos hostiles, solo buscamos la armonía y por ende una onda expansiva de paz.
Disfrutamos de ese aire fresco, de esa brisa otoñal. Celebramos el canto de las calandrias y la textura de las rosas.

¡Apocalipsis!
Balas de goma, fuego y murallas dividen la felicidad.
Una ola de odio asota esta ciudad,
adicciones, violencia e indiferencia rompen el equilibrio y la igualdad.

Nos destruyen por ser y pensar diferente. Es más fácil agarrar ese machete que sentarse a dialogar.
En este mundo acelerado, la tranquilidad se ha vuelto una mala palabra.
Nos obligan a subirnos a ese vehiculo, a tomar las armas y defendernos ya que el fin justifica los medios.

A todos ellos, les envío un mensaje:
Basta de violencia, basta de odio, de prejuicios, de superioridad intelectual o material.
Porque todos somos iguales ante la muerte, todos somos personas.


*¿Cuánto pesan hoy tus cadenas?
*¿Cuántos ladrillos hay en tu muro?
*¿Cuál es el precio de tu libertad?
*¿Cuánto duele esa corona que obtuviste por matar tus ideales?
*¿A cuántos subordinados oprimiste en el día?
*¿A cuántos compraste con ese sucio dinero?
*¿Cuántos programas de televisión viste?
*¿Cuánta basura pusiste en tu cabeza?


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