Un día, como todos los días.-
Como digo casi todos los días: “hay cosas que nunca cambian”
El empieza su día, se lava los dientes, la cara, las manos y
ahí descubre el anillo de nuevo, el anillo que le trae ese puñado de recuerdos
tan especiales que viajan como nubes sin control.
Desayuna o almuerza según la ocasión, escucha un poco de
radio o su compilado de todos los días. Admira la belleza del exterior, un
paraíso al que siente casi ajeno, algo que nunca podrá tener. Tiene ansias de
conocimiento, ansias de saber como será ese futuro tan lejano.
Después hay un segmento de puras variables, o sale con
amigos o se queda en casa, al fin y al cabo, de las dos maneras el tiempo pasa,
el punto es como.
Con los amigos abunda la risa; y solo, recuerda en silencio
y escucha música, tal como si eso fuera su morfina. Por la noche habla con
ella. Bebe cada gota de su voz, la graba para sus períodos de ausencia o
soledad, se alimenta de su risa, imagina su rostro cuando habla.
Cuando hay problemas quiere solucionarlos, no puede estar ni
un segundo así con ella, cuando todo anda sobre rieles él ríe, siente que su
vida tiene sentido, se pone en marcha el motor que le permite ser feliz, siente
llena su alma. A la hora de colgar, no disimula su debilidad, se lamenta. Cada
día sin ella es un tren que se marcha, una rosa marchita, una promesa quebrada.
A duras penas corta, la deja tranquila, se lleva todo su
dolor o al menos lo intenta, trafica un poco de amor en su celda, ella,
cautiva, presa y esclava del sinsabor toma color de pronto. El duerme feliz, ya
que ese día no fue en vano. Escribe en su diario:
“Algún día todo cambiará, todas las heridas sanarán, la
felicidad le quitará lo agrio a esta realidad, ese día, la primavera vendrá,
los árboles estarán poblados de nuevo, los corazones llenos de vida y por fin,
las almas unidas.”
Comentarios
Publicar un comentario